En la Primera Lectura de este domingo, del libro del Eclesiástico 35, 15-17. 2-22 se nos recuerda que el Señor es un juez que no se deja impresionar por apariencias y formas superficiales. También nos dice Dios nuestro Señor que El no menosprecia a nadie por ser pobre y que escucha las súplicas del oprimido. Esa es una promesa hermosa que nos hace Dios a través de Su Palabra en este día. También se nos hace un recordatorio de que las plegarias son escuchadas de quien sirve a Dios con todo su corazón. Se nos recuerda que la oración de las personas humildes de corazón atraviesan las nubes y que no debemos dejar de pedir hasta que Dios nuestro Señor nos escuche y hace justicia. En muchas ocasiones nos dejamos vencer y ya no pedimos. Nuestro Señor nos pide que seamos consistentes, que no nos dejemos vencer por todos los obstáculos que aparecen durante nuestras vidas. La Madre Teresa de Calcula siempre decía: “pide hasta que duela”. Lo importante es nunca perder la fe ni pensar que Dios nos desampara ya que Él siempre está esperando que nos acerquemos más a todo lo que es bueno, a todo lo que es de Dios. La forma de poder seguir acercándonos para empezar es no dejar de buscarlo pero que sea una búsqueda de corazón y sin parar. Dios siempre nos está esperando, siempre está ahí como un Padre, esperando que Su hijo vuelva hacia Él. Una vez más, es una invitación a la conversión de corazón y de mente hacia una vida de fe y esperanza.
En la Segunda Lectura de este domingo, de la segunda carta del apóstol San Pablo 4, 6-8, 16-18; quien en aquel tiempo se dirige a Timoteo y ahora a nosotros para compartirnos que en ese momento san Pablo sabía que le había llegado la hora del sacrificio y que se acercaba el momento de su partida. San Pablo comparte que él ha luchado bien el combate, que ha corrido hasta la meta, y que ha perseverado en la fe. El hecho de perseverar en cualquier cosa no es fácil y es mucho más difícil perseverar en la fe. Los seres humanos nos damos por vencidos fácilmente cuando estamos tratando de perseverar en cosas humanas. Perseverar y luchar por la fe, conlleva muchos sacrificios. No es imposible, pero no es tarea fácil. Esos sacrificios dejan de ser sacrificios cuando nos ponemos a pensar que realmente ese tipo de perseverancia – el hecho de permanecer y luchar por la fe – es nuestra obligación adquirida durante nuestro Bautismo. Es entonces cuando deja de ser un sacrificio cualquiera y se convierte en una meta ideal a la cual los seres humanos deberíamos de tratar de dirigir nuestras vidas ya que es de esta forma como podremos gozar de la vida eterna que Dios nos promete. El apóstol San Pablo nos recuerda que Dios siempre está de nuestro lado y nos da fuerzas para llevar y proclamar Su Palabra hacia los demás. Nos hace una promesa lindísima de que el Señor nos irá librando de todos los peligros y nos llevará salvos a Su Reino Celestial. Se nos dice cual es la meta final: la vida eterna en Dios. Se nos dice cómo hacerlo: estando al lado de Dios y seguir Su Palabra con PERSEVERANCIA, y una de las cosas más importantes es saber que el mismo San Pablo nos dice que no es tarea fácil pero nos promete que a través de nuestras vidas Dios siempre está ahí.
En el Evangelio de este domingo según san Lucas 18, 9-14, Jesús comparte una parábola en la cual habla acerca de dos hombres, un fariseo y un publicano, quienes se presentan en el templo para orar, sin embargo, cada uno lo hace de diferente forma. El fariseo, oraba de pié y le daba gracias a Dios por no ser como los demás hombres –ladrones, injustos y adúlteros. También le daba gracias a Dios por no ser como el publicano ese que estaba ahí dentro del mismo templo. Continuaba hablando el fariseo con Dios recordándole que ayunaba dos veces por semana y que pagaba el diezmo de todas sus ganancias. Jesús terminó esta parábola explicando que por otro lado, el publicano todo lo que hacía eran súplicas a Dios para que se apiadara de él ya que era un pecador. Jesús continúo diciendo que les aseguraba que el publicano regresó a su casa justificado y que el republicano no regresó a casa justificado debido a que todo aquel quien se enaltece asimismo será humillado y el que se humilla será enaltecido. Este es un claro ejemplo de prepotencia, y de una persona que se cree que es tan buena. Cuando un ser humano sigue los pasos de un camino de fe, lo último que hace es hablar de sí mismo y lo que trata de hacer, es servir a sus semejantes. La meta es acercarse más a Dios, es servir a los demás, es poner nuestros talentos y gracias que Dios nos da al servicio de las demás personas, pero, dejar que sea Dios mismo el que se dé cuenta de eso y no ser nosotros los que nos alabamos a nosotros mismos. Dios nos ha dado talentos y gracias – no para desperdiciarlos – sino para ponerlos al servicio de los demás. Dios nos pide un compromiso y una PERSEVERANCIA que aunque no es tarea fácil, nuestro Señor nos promete estar siempre de nuestro lado para poder llevar a cabo los retos que enfrentamos día con día.
Mis reflexiones son personales y no tienen nada que ver con otra cosa más que con lo que yo pienso y de la forma que yo entiendo las cosas. Pueden estar de acuerdo o desacuerdo, no importa, son sólo MIS opiniones. Mal o bien, son mías ☺ y tomo toda la responsabilidad. ☺ ¡Hasta la próxima!
¡Saludos!

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