El 26 de junio es un día que significa mucho en mi vida. No nada más porque es el día que Dios me envió al mundo sino porque cada vez que llega, me pone a pensar todo lo que ha pasado durante el año. Este año que acaba de pasar, (al igual que los demás) estuvo lleno de eventos en mi vida de todo tipo. Eventos de los cuales la mayoría de las personas consideraría “cosas buenas y cosas malas”.  Sin embargo, a mí me gusta pensar que todo es bueno, ya que cada día está lleno de 24 horas y cada una de ellas, llega y está ahí para que los seres humanos decidamos qué hacer con ellas.
Yo pienso que Dios nos trae al mundo con un plan en mente que sólo El sabe cuál es. Por más que trata de decirnos en Su Palabra, osea en Las Santas Escrituras, nosotros no sabemos entender o escogemos no entender.
Por lo poco que he aprendido a través de los años en los que he intentado aprender acerca del significado de La Biblia, he llegado a la conclusión de tener claro que Dios nos regala ciertas “gracias” y que esas “gracias” son específicamente para ayudarnos unos a otros y de ahí se podría deducir el mensaje que trajo Jesús al mundo de amarnos los unos a los otros.
Estos últimos 39 años de mi vida, han estado llenos de bendiciones, que cuando me pongo a pensar de cómo podría agradecerle a Dios todo lo que me ha dado, entonces es cuando entiendo que Dios quiere que con lo poco o lo mucho que tenga, debo ponerlo al servicio de los demás.
El número de años que cumplo son 39, así es, lo digo con MUCHO orgullo ya que cada minuto de mi vida ha sido muy importante para mí y no me da pena ni me siento mal al respecto. El número es lo que menos me importa ni me ha importado durante toda mi vida. Siempre le digo a todo el que me pregunta mi edad el número correcto, ni me quito ni me pongo más años, no lo encuentro necesario.
En lo que se refiere a mi vida cronológica, me atrevo a analizarla de la siguiente manera:
Según yo, hay cuatro cuartos de 25 años cada uno. En el primer cuarto, es donde supuestamente debemos aprender lo que nos va a ayudar en el resto de nuestras vidas, en donde vamos a adquirir las herramientas para poder seguir aprendiendo.

El segundo cuarto de mi vida, es cuando debo trabajar arduamente y debo seguir aprendiendo todo lo que pueda y como me sea posible.  El tercer cuarto de mi vida es para disfrutar y compartir con las demás personas de mi alrededor lo aprendido y al mismo tiempo, seguir aprendiendo por el puro hecho de aprender.

El último cuarto de mi vida, si es que Dios me lo concede, es para tener una vida todavía más contemplativa  y por qué no, seguir aprendiendo. Considero que el día que dejamos de aprender es cuando empezamos a morir.

Estoy consciente que desde que nacemos, en cierta forma, empezamos a morir, sin embargo, debemos esforzarnos por tratar de hacer lo más provechoso de nuestras vidas para bien de nosotros mismos y de las demás personas a nuestro alrededor.

Cabe mencionar, que durante el primer cuarto de mi vida fue cuando conocí a Dios. Primero que nada por el hecho de haber nacido y por haber recibido al Espíritu Santo cuando me bautizaron.  También por haber sido educada por mis padres quienes hicieron lo mejor que pudieron para educarme y para salir adelante. Después, cuando me vine a Estados Unidos, cuando experimenté etapas de mucho aprendizaje y de mucho valor. De ahí, mi matrimonio, que una vez más, tal como el resto de mis sacramentos espirituales, marcó Dios mi vida para siempre. Después, tuve la suerte de haber sido mamá de tres bellas chicas a quienes también llevé a que tuvieran sus sacramentos ante Dios. Ahora, en una etapa de abuela, me encuentro todavía contando más y más mis bendiciones al observar las diferentes etapas de la vida de mis hijas y ahora de mi nieto.
He tenido la oportunidad de ser hija, hermana, mamá y ahora abuela, entre otras cosas. ¡Qué bendición!

Tengo una familia numerosa que nunca terminaría de nombrar a todos, sin embargo, todos y cada uno de los miembros de mi familia han marcado mi vida de alguna forma o de otra.
He cursado diferentes niveles académicos, los cuales, una y otra vez, me hacen comprender TODO lo que me falta por aprender y lo poco que realmente sé.
Por otro lado, mi vida espiritual, la cual considero la más importante ya que gracias a Dios soy quien soy y hago lo que hago, lo cual es el hecho de ser un ser humano creado a semejanza de Dios y que trato de hacer lo que yo entiendo que quiere Dios que yo haga y que dirija mi vida de la forma que El quisiera. Todo esto me ayuda a entender lo vulnerable que soy a las cosas humanas y todo lo que me falta por hacer y no hacer para poder considerarme una persona dizque religiosa. Es complicado, sigo a Dios lo mejor que puedo, pero al mismo tiempo, soy tan humana y tan pecadora que me encuentro cada día de mi vida tratando de empezar de nuevo.

Para finalizar, este largo post, concluyo con agradecimientos.  Primeramente, agradezco a Dios que me haya traído a esta vida. Agradezco a mis padres por haberme dado la vida. Agradezco a mis hermanas y mis hermanos que me quieren y me aguantan como soy. Agradezco a mis sobrinos y sobrinas por ser como son y por todo lo que aportan a mi vida. Agradezco a nuestros amigos y familiares quienes han confiado en mí y en Jim para ser padrinos de sus hijos. Agradezco a mis amigas y amigos por representar una parte tan importante en mi vida y que aunque me conocen con todos mis errores y demás, de todas formas me aguantan y me aceptan en sus vidas. Agradezco a todos mis profesores de toda mi vida por aportar conocimientos y herramientas a mi vida.

También aprovecho en este momento para agradecer a la persona que me acompaña y que prometió ante Dios que estaría presente en mi vida en las buenas y en las malas,  en la salud y en la enfermedad y que tiene todo mi respeto y amor ya que hasta hoy lo ha cumplido de una manera inigualable y sin medida, con tanta paciencia y con tanto amor, es para mi Jim a quien tanto amo.
Gracias Dios mío por mis 39 años de vida en este mundo y que cuando vengas por mí, no importa en qué cuarto esté de mi vida, que me encuentres lista para verte con la frente muy en alto sabiendo que hice lo mejor que pude en mi vida para agradarte y para tratar de ganarme estar contigo.
Te pido Señor que el resto de mi vida, siga estando llena de bendiciones y que yo las sepa reconocer.
Dame Señor fuerzas para seguir luchando y seguir adelante, siempre sabiendo que Tú estás conmigo.
Te pido todo esto a través de tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor, Amén.