Primero que nada, quiero compartirles (para los que no saben) que vivo en los Estados Unidos, y soy una persona muy apasionada en temas relacionados a cosas que pueden afectar las personas que vienen de otros países a radicar a los Estados Unidos por cualquier razón. Yo cuando llegué aquí, la verdad es que no pasé cosas tan horribles como muchas personas que conozco pero tampoco me fue de las mil maravillas. Algún día contaré este tipo de relatos, al fin hay más tiempo que vida, ¿no? Bueno, el caso es que hoy sucedió algo que me llenó al alma de tristeza y quería escribirlo para por lo menos desahogarme ya que como a veces decimos “me dieron en donde más me duele”.

Como ya muchos saben, he estado trabajando con y para la gente Hispana en todo lo que pueda ayudar, porque según yo, “quiero que no pasen lo que yo pasé”. He tomado clases de la religión Católica por varios años y he dado clases de catecismo. De hecho, ya tiene tiempo que ahora preparo catequistas para que impartan clases. El caso es que resulta que hoy una amiga muy cercana quien es catequista de la iglesia a la que yo atiendo me contó que hoy le tocó explicar (a grandes rasgos) lo relacionado a los Diez Mandamientos. Cabe mencionar, que este es un grupo de estudiantes que está preparándose para hacer la Primera Comunión. Entonces, llegaron al mandamiento que habla acerca de “No Matarás” y la catequista preguntó primero a sus estudiantes que ellos qué entendían de esta frase. No se dieron a esperar los ejemplos por parte de estos pequeñitos dando ejemplos de que por ejemplo, cuando alguien a propósito quería herir de muerte a otro ser humano, etc. etc. Todos estos ejemplos, debido a su corta edad, estaban llenos de “efectos especiales” con ruidos, ademanes y todo eso. Cuando la catequista estaba a punto de hacer conexión con lo que la catequesis espera que los niños aprendan del tema, una niñita gritó: “no nada más cuando mata un ser humano a otro es cuando se muere la gente” y todos voltearon a verla a lo que ella siguió su relato:”cuando a uno le dicen apodos feos o lo tratan mal, se siente algo muy feo y profundo por dentro de uno que se siente como si muriera ‘algo’ que está adentro de uno” a lo que todos se quedaron callados, incluyendo a la catequista. En eso colabora otro niño con otro ejemplo, “si, es cierto, a mí muchas veces me llaman ‘negro’ y me insultan diciéndome ‘este (tal por cual) mexicano’ y muchas groserías más” y entonces le siguieron otros niños contando sus desventuras y sus malas experiencias como hijos de inmigrantes en este país. La catequista no sabía qué hacer, jamás se hubiera esperado algo así para esta clase ni mucho menos de boca de niñitos tan pequeños. Ella explicó que así como ellos se sentían mal y como si algo se les muriera por dentro, que no era bueno que ellos reaccionaran así, y bueno, terminó la clase lo mejor que pudo pero en cuanto salió, vino a contarme.

Si ustedes no viven en Estados Unidos, igual y estos comentarios se les hacen un poco triste y punto. Si ustedes viven aquí, entonces se dan cuenta el daño tan grande que ese tipo de comentarios hace sentir a nuestros niños. ¡NO SE VALE! Nuestros niños, a esa corta edad de siete u ocho años, no se merecen ese trato, en realidad NO ser humano lo merece. Por favor, démosles amor y comprensión. Hablemos de lo GRANDE que es nuestra cultura. No es bueno tampoco ponerlos en contra de otros seres humanos que muchas veces por mera ignorancia en el tema no saben ni lo que hablan!

Se me parte el corazón de pensar que estos niños experimentan cosas así a esta edad. Si sembramos odio en ellos esto terminará en algo muy pero muy triste. Así que no actuemos con violencia para contrarrestar violencia. Mejor eduquemos a nuestros hijos a entender gente que no sabe y sobre todo expliquémosles las maravillas y la riqueza infinita de nuestra Cultura Latina. Aparte, yo lo he dicho anteriormente y lo creo fielmente: nosotros como seres humanos somos los únicos que ponemos fronteras, Dios no. Acuérdense, dando amor, algún día, cultivaremos amor y con suerte este tipo de trato no lo tendrán que experimentar los hijos de nuestros hijos.