Estaba preguntándome a mí misma que por qué será que los seres humanos no aprendemos a callarnos y a escuchar más.  Esto se me ocurrió porque me he encontrado últimamente en una etapa de mi vida más observadora no nada más de mí misma, sino de las personas a mi alrededor. 

Me doy cuenta cómo tratamos de llenar los espacios “vacíos” con algún tipo de ruido, ya sea hablando, gritando, alegando, poniendo el radio, la televisión, inclusive interrumpiendo a otros!  Como que no podemos estar sin hacer ruido y de tratar de escuchar el “ruido” del silencio. 

Yo me doy cuenta que a veces, por sentir “compañía” he tratado de llenar esos “vacíos” con algún tipo de ruido.  Por ejemplo, he notado que al conducir SIEMPRE llevo música o me pongo a hacer mis llamadas pendientes, así se me hace más corto el tiempo. 

No hace mucho tiempo el estéreo de mi coche se descompuso y me vi forzada a tener silencio absoluto en el camino ya que ni mi teléfono celular tenía señal en cierta área, que por cierto me pareció una eternidad.  Fue entonces cuando me di cuenta que no podía estar sin algún tipo de ruido.  A la vez, me di tiempo para pensar en mis cosas, lo que casi nunca hago por no darme el tiempo de hacerlo.  

No sé si será que no queremos enfrentar nuestras realidades y tratamos de cubrirlas con ruidos para que nos distraigan? Digo, igual y lo hacemos de una forma inconsciente, no lo sé.  Yo por lo pronto, empezaré a intentar  tomar más momentos en silencio para empezar a enfrentar mis realidades. 

Además, yo creo honestamente que es precisamente en esos momentos cuando podemos encontrar a Dios quien siempre está dispuesto a escucharnos y si nosotros aprovecháramos esos momentos para escuchar lo que Él tiene para nosotros, nos sorprenderíamos de Su grandeza y de todo lo que tiene para decirnos.

Es precisamente en esos momentos que podríamos poner en manos de Dios todo lo que no podemos hacer nosotros como seres humanos.  Es necesario empezar a enfrentar nuestros miedos, inseguridades, etcétera, ya que todo eso no nos lleva a nada bueno. 

Si lográramos sacar todos esos sentimientos de incertidumbre, entonces tendríamos más espacio para Dios y Él a su vez, nos guiaría a cosas mucho mejores que nos beneficiarían, no nada más a nosotros, sino también a las personas que nos rodean.

Entonces, SILENCIO y dejemos hablar a Dios y escuchemos más para saber por dónde y cómo deberíamos de tratar de dirigir nuestras vidas.  Yo creo que ya la vida nos dá suficiente “ruido” como para todavía agregar nosotros más a nuestras vidas.

Ahora sí quedó la frase que dijo recientemente el Rey de España:  “¿Pero por qué no te callas?”  Jajajaja!