Desde el último día que escribí y hasta hoy, he notado que todo lo que he experimentado es relacionado a fiestas navideñas, celebraciones de fin de año, así como finales y comienzos en muchos aspectos. Gente cambiándose de casa, terminando ciclos escolares, una que otra graduación, etc.

Hoy, durante la Homilía de la misa, cuando el sacerdote mencionaba acerca del Evangelio de Mateo que corresponde al día de hoy, me pareció que se envolvía todo lo que he sentido últimamente.

En la Homilía de hoy, el sacerdote predicó acerca de algo que no conocía y ese “algo” es que los que conocemos ordinariamente como Los Tres Reyes Magos no eran “Reyes”. Según el sacerdote dice que la palabra a la que se refieren las Santas Escrituras habla acerca de tres personas que eran “visionarias” quienes se enteraron que iba a nacer el Mesías, pero que ha estado malmente traducida. Como él mismo lo dijo, queremos “romantizar” ese término y le ponemos “Reyes” pero no eran reyes. El sacerdote mencionó además, que estas tres personas NO eran personas queridas por la religión que en esos tiempos predominaba, ya que eran “visionarios” que predecían el futuro a través de las estrellas y todos esos tipos de cosas. Entonces, de acuerdo al sacerdote, estas personas fueron al Rey Herodes a preguntarle acerca de este “Mesías” que iba a nacer. Y el sacerdote compartía que si estas tres personas hubieran sido “ordinarias” nunca hubieran ido a preguntarle al Rey Herodes esto, ya que toda la gente de ese tiempo y en esos lugares, era de tipo conformista y sólo se dedicaban a seguir a su Rey Herodes y todo lo que él impartía, ordenaba y decidía.

Bueno, ¿para qué todo este “rollo”? pues para mí fue algo que me ayudó a entender más acerca del poder tan grande de Dios, ya que como el sacerdote compartía que así como los tres “visionarios” buscaron la Luz, eso es exactamente lo que deberíamos hacer los seres humanos. Y, aparte de esto, no únicamente buscar la Luz sino SER PARTE de esa Luz para tratar de ayudar a los demás seres humanos.

Yo creo que todos los buenos deseos que nos “deseamos” (valga la redundancia por favor), durante las fiestas navideñas y todos esos deseos del año venidero, se pueden hacer realidad si empezamos por nosotros mismos. Tratemos de seguir la Luz, como ustedes quieran llamarle, yo le llamo Dios, para “inyectarnos” de buena vibra y ayudarnos los unos a los otros tratando de así “inventarnos” un mundo mejor cada día. Pongámonos a pensar que si todos ponemos nuestro granito de arena día con día, como una gotera de agua, pronto podremos llenar un mar lleno de cosas buenas. El mar que aunque está lleno de gotitas de agua milimétricas, tiene una fuerza majestuosa e impresionante. No podemos evitar los problemas o situaciones de nuestras vidas cotidianas, pero lo que sí podemos “controlar” es la forma en la que los vemos y lidiamos con ello!

Sé que se “oye” utópica o quijotesca esta idea, pero al mismo tiempo, creo que podremos lograr un mundo mejor. Nadie somos perfectos ni mucho menos, pero si tratamos de ser lo mejor que podamos ser cada día de nuestras vidas, hasta en las cosas más mínimas, nuestro mundo cambiará. Como decía la Madre Teresa, se trata de hacer las cosas, aunque sean – las más pequeñas y mínimas – pero con mucho amor. Todo es contagioso. ¡Trata de ir hoy por tu mundo con una sonrisa en los labios y verás cómo es de contagiosa! Nunca sabemos cómo podremos influenciar a las demás personas. Hay mucha gente que aunque viva rodeada de muchas personas, se siente solita. Ayudemos a los demás a ver la Luz a través de nuestra Luz y así, cuando nos sintamos más oscuros, y nos llegue la “lucecita” de otros, nos sentiremos mucho mejor. Bueno eso creo yo.

¡¡Mis mejores deseos!!

Clau